Quiero un hombre…
Quiero un hombre que sepa serlo. Un hombre que me acepte como mujer. sin complejos, que no tenga miedo de pedir que le rasquen la espalda, y que pueda expresar lo que siente, que pueda pedir proteccion cuando sienta frio, y se sienta un niño entre mis brazos sin sentirse incomodo.
Un hombre que pueda bailar toda la noche sin necesidad de música y que sepa adornar sus discursos con las metáforas más bellas, los más finos ademanes y las más cautivadoras expresiones y que sepa exorcizar sus arrebatos de coraje Un hombre sensible y profundo que deje que su mirada se pierda en la distancia sin buscar allí nada específico, que llore cuando le dé la gana y que ría sin motivo con el mismo estrépito maravilloso de los dementes felices. Quiero un hombre que cuando me abrace no se sienta como una parte de mi cuerpo que faltaba, sino como algo que siempre estuvo allí. Lo quiero que huela a montes, cáscaras, y tierra húmeda.
Quiero que ame los baños de mar, el correr por los prados y se
entretenga con vestir cada pulgada de mi piel con la magia de unos dedos que nunca necesitaron aprender de caricias porque se mueven por instinto. Quiero un hombre que pierda la compostura ante los poemas y que se embriague con el perfume de las flores. Uno que tenga predilección por las películas tristes, las canciones romanticas y la risa de los niños, un que odie a los relojes y los caminos de asfalto;
Quiero un hombre en todo el sentido de esa palabra tan ambigua y
maravillosa. No quiero un hombre que tolere con piadoso sosiego mis malas costumbres (para eso tengo mi soledad), pero que me de motivos para cambiarlas. Un hombre que aunque no entienda mis proyectos me inspire a seguir con ellos. No busco un hombre que que se me asemeje hasta el cansancio (para eso compro un espejo). No quiero uno que satisfaga todos mis deseos o me obedezca como a un amo (para eso compro un perro) ni que pretenda dar paz a mi alma y sosiego a mi corazón (para eso están mis meditaciones y los licores). Quiero un hombre al que no le importe lo que tengo, pero sí lo que ambiciono y me exija siempre más de lo que le doy. Será un hombre que no extrañare cuando se ausente, porque estará muy vivo en mi interior. Será alguien a quien no tendré que enamorar porque ese será un tiempo que aprovecharemos en otras cosas. Será uno con el que reinventaré el amor, con el que volveré a nombrar los poetas y dar otra luz a los astros. Con ese hombre adornaré el inventario de mis sueños y despertaré de la larga pesadilla de la soledad para conquistar el mundo con espadas de madera y recorrer el cosmos cabalgando el cometa más helado. Con ese hombre tendré el poder de ser yo misma y la osadía de, por una vez en la vida, ser feliz. Esa hombre que yo quiero, pero no lo estoy buscando. Con quererlo así me basta. Si acaso existe en algún lugar del universo esa persona, destellos de luz, extractos de minerales y fragancias sagradas, no me ocuparé de buscarlo porque estoy en la certeza de que el destino mismo se encargará de ponerlo en mi camino.
Quiero un hombre que sepa serlo. Un hombre que me acepte como mujer. sin complejos, que no tenga miedo de pedir que le rasquen la espalda, y que pueda expresar lo que siente, que pueda pedir proteccion cuando sienta frio, y se sienta un niño entre mis brazos sin sentirse incomodo.
Un hombre que pueda bailar toda la noche sin necesidad de música y que sepa adornar sus discursos con las metáforas más bellas, los más finos ademanes y las más cautivadoras expresiones y que sepa exorcizar sus arrebatos de coraje Un hombre sensible y profundo que deje que su mirada se pierda en la distancia sin buscar allí nada específico, que llore cuando le dé la gana y que ría sin motivo con el mismo estrépito maravilloso de los dementes felices. Quiero un hombre que cuando me abrace no se sienta como una parte de mi cuerpo que faltaba, sino como algo que siempre estuvo allí. Lo quiero que huela a montes, cáscaras, y tierra húmeda.
Quiero que ame los baños de mar, el correr por los prados y se
entretenga con vestir cada pulgada de mi piel con la magia de unos dedos que nunca necesitaron aprender de caricias porque se mueven por instinto. Quiero un hombre que pierda la compostura ante los poemas y que se embriague con el perfume de las flores. Uno que tenga predilección por las películas tristes, las canciones romanticas y la risa de los niños, un que odie a los relojes y los caminos de asfalto;
Quiero un hombre en todo el sentido de esa palabra tan ambigua y
maravillosa. No quiero un hombre que tolere con piadoso sosiego mis malas costumbres (para eso tengo mi soledad), pero que me de motivos para cambiarlas. Un hombre que aunque no entienda mis proyectos me inspire a seguir con ellos. No busco un hombre que que se me asemeje hasta el cansancio (para eso compro un espejo). No quiero uno que satisfaga todos mis deseos o me obedezca como a un amo (para eso compro un perro) ni que pretenda dar paz a mi alma y sosiego a mi corazón (para eso están mis meditaciones y los licores). Quiero un hombre al que no le importe lo que tengo, pero sí lo que ambiciono y me exija siempre más de lo que le doy. Será un hombre que no extrañare cuando se ausente, porque estará muy vivo en mi interior. Será alguien a quien no tendré que enamorar porque ese será un tiempo que aprovecharemos en otras cosas. Será uno con el que reinventaré el amor, con el que volveré a nombrar los poetas y dar otra luz a los astros. Con ese hombre adornaré el inventario de mis sueños y despertaré de la larga pesadilla de la soledad para conquistar el mundo con espadas de madera y recorrer el cosmos cabalgando el cometa más helado. Con ese hombre tendré el poder de ser yo misma y la osadía de, por una vez en la vida, ser feliz. Esa hombre que yo quiero, pero no lo estoy buscando. Con quererlo así me basta. Si acaso existe en algún lugar del universo esa persona, destellos de luz, extractos de minerales y fragancias sagradas, no me ocuparé de buscarlo porque estoy en la certeza de que el destino mismo se encargará de ponerlo en mi camino.
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